Ayni en escena en la ceremonia del pago del agua (Achaco Alto) 


Antes de la ceremonia, la población se dedica a la limpieza, ofrenda y recolección de objetos. Esta práctica transmitida por los antiguos peruanos es un reflejo del ayni, actividad en la que la población coopera para la limpieza de sus acueductos.


Cada poblador nasqueño se organiza para cumplir con su turno de trabajo y rendir tributo a este sistema hidráulico.


En el pueblo, la gente recibe a los más de 2,000 turistas nacionales e internacionales con platos típicos de pallar y chicharrón mientras se espera la fiesta. Unos minutos después la gente abre filas a los músicos vestidos como los nascas; es cuando la ceremonia se inicia.









La ceremonia


Ochenta hombres y mujeres integran la caravana ceremonial, como danzantes y súbditos. Se trata de alumnos del Instituto Superior Tecnológico Nasca. Ellos trotan, con sus vestimentas nasqueñas, al ritmo de quenas, zampoñas y tambores, junto al señor nasca y su colla.

El señor nasca inicia el ritual al dios creador Kon recitando plegarias y cánticos en quechua. Sobresale su respeto por la cultura Nasca y los apus, dioses representados por montañas, lagunas, ríos, cóndores y pumas.


“Los sabios Nascas entendían la importancia del agua para la producción agraria y las necesidades de la vida diaria; valor y conocimientos que se transmitieron de generación en generación por medio del arte, la cerámica y la ingeniería hidráulica”.


Para él, participar en el Yaku Raymi es identificarse y sentirse orgulloso por esta riqueza ancestral. “Es manifestar nuestra gratitud por tan importante legado como los acueductos, que continúan aportando el líquido vital para nuestros sembríos de camote, pallar, papa y otras especies. Los dioses nascas nos siguen cuidando y bendiciendo”, dice.

¡Watan yaku!

Tras el ritual, la delegación se dirige hacia una cocha, donde se aprovecha el agua para la irrigación y el cultivo. Mientras el señor nasca canta, se escuchan voces quechua: “Watan watan yaku mama kawsachun” (“Qué viva el agua, año tras año”). Todas las plegarias de gratitud se concentran en pedir agua, elemento escaso durante el año en esta zona del país.


Se rinde culto al agua, que nace desde los humedales de la parte alta de la cuenca del río Grande, que hermana a pueblos de Ayacucho, Huancavelica e Ica, demostrando que el hombre andino convivió en armonía con la naturaleza, y respetó y veneró a los apus del agua.

Tras la celebración en el acueducto, la población se dirige hacia una pampa de arena donde el señor nasca y su delegación se unen a turistas y autoridades en una gran danza de hermandad, ofreciendo versos en quechua a la yacu mama, que a la letra popular dicen: “El agua brilla como el Sol y la Luna, el pueblo valora su existencia y se une para cuidarla”. (Blanca Vargas Jiménez)













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